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De las distinciones entre la Dictadura Revolucionaria y la Tiranía Reaccionaria: breves anotaciones

Atualizado: Set 9

Título Original: De las distinciones entre la Dictadura Revolucionaria y la Tiranía Reaccionaria: breves anotaciones sobre las categorías de la dictadura y tiranía en el vocabulario político

Sabemos que “Dictadura” es un concepto que tiene una carga negativa, es común y es comprensible que haya, pero no siempre este juicio de valor cabe al término. En muchos casos el uso del término Dictadura, sobre todo cuando hablamos de contrarrevoluciones y golpes, constituyen esta mancha despectiva y en estas situaciones – reaccionarias – es realmente importante que se tenga una mancha moral “negativa” cuanto a estas experiencias.


Todavía, es necesario tener en claro que “Dictadura” no es necesariamente “Tiranía” o que Dictadura presupone necesariamente una “decadencia tiránica”. Aunque las Dictaduras Militares de la América Latina realmente puedan ser encuadradas perfectamente como “regímenes tiránicos” en la definición adecuada del término.


Existen Dictaduras y Dictaduras, entre las cuales hasta dictaduras revolucionarias burguesas (como la liderada por Robespierre). El terror jacobino o el terror rojo bolchevique se encuadrarían también en el uso del término “dictatorial”.


Si abandonarnos el sentido contemporáneo de la palabra, sabremos que Dictadura no nos dice sobre legitimidad o ilegitimidad de un régimen. En el propio origen del término (en la Roma Antigua), la dictadura era un mecanismo de prerrogativas legales.


Tiranía, sin embargo, se trata de algo más específico.


Es la expresión política del fraude. Es cuando la ilegalidad toma plenamente el poder. Esto es: cuando el régimen camina, muchas veces, en la margen de su propia legalidad o en la margen de los propios principios que el orden vigente alega ser defensora.


La izquierda brasileña durante el Régimen Militar condenaba la tortura. Pero ¿saben quién también condenaba la tortura e hablaba que era crimen? Los propios militares que estaban comandando el gobierno. Durante toda la Dictadura Militar no asumían los crímenes del Estado e negaban las acusaciones de los demócratas y guerrilleros sobre la práctica de tortura contra los prisioneros (muy de los cuales secuestrados en la margen de la ley).


Recomiendo que lean la defensa de Fidel Castro mediante el tribunal ilegal cubano, defensa esta que él hizo como su propio abogado y que fue intitulada “La Historia me Absolverá” – bastante difundida en Cuba y publicada como libro. En esta obra, Fidel expone como la legitimidad de Batista no tenía nada de concreto y que, basándose en los propios “principios demo-liberales” que el Régimen Militar de Cuba alegaba defender, esta legitimidad estaba en el bote de basura de la historia. Fidel expone todos eses pontos llegando hasta mismo a citar el liberal John Locke y el santo católico Tomás de Aquino debatiendo, con gran propiedad en una defensa jurídica de circunstancias adversas, el concepto de tiranía y la formulación de una resistencia legitima a tal tiranía.


A partir de toda esa discusión conceptual citando Locke, Aquino y demás referencias de la filosofía política, Fidel Castro recuerda que, en el caso del gobierno de Batista, las circunstancias eran esas:


1) Quien elegía o nombraba Batista como presidente eran los Ministros; y


2) Quien nombraba los Ministros era o propio presidente Batista…


Cuando la situación llega a un ponto tal, como descrito a cima, es como la gran pregunta de milenios de quien nació primer, si el huevo o la gallina. ¿Quién, en esta ecuación confusa, nombraba quién? Un verdadero uróboros en descomposición, un círculo cerrado en sí mismo que no tiene como raíces la soberanía del voto popular siendo, en la verdad, un círculo podre de poder que alimenta y “legitima” el propio círculo podre del poder. Es, como ya se dijo, la expresión del fraude, el abandono de cualquier mínima noción de soberanía popular.


Concomitante a eso el régimen practicaba sistemáticamente la tortura de prisioneros, golpeaba y mataba combatientes rendidos que no presentaban más ningún peligro, era connivente con estupros de las militantes aprisionadas, etc. En resumo: no se tenía ética y no se tenía principios en los combates armados, en la política, en los interrogatorios, en las prisiones...


Y esto, a propósito, ¿no era el escenario de toda la América Latina con golpes militares? Pues, es obvio que no era apenas un escenario exclusivo de Cuba.


Pues, es así que se traza una diferencia clara entre ellos y nosotros.


La dictadura jacobina, la dictadura del proletariado, el terror bolchevique, la “dictadura de la democracia popular” china, etc. están demarcadas como algo bien distinto de todo eso, por lo que ellas se basan en ciertos principios elementares, mismo con determinados mecanismos “dictatoriales”.


1 – Robespierre no creó y no alentó un sistema de sótanos de tortura. Pero los regímenes fascistas modernos lo hicieron.


2 – Fidel, durante la guerrilla no mataba enemigos desarmados o rendidos, él en la verdad los hacía de prisioneros conforme preceptos éticos de combate. Pero, todavía, los soldados de las dictaduras militares mataban guerrilleros rendidos o desarmados sin ninguna modestia.


3 – Las condenaciones a prisiones por trabajo en la Corea o a prisiones comunes en Cuba, así como las penas de muerte que hubo en Cuba y en Corea del Norte pos juicios públicos, son bastante divulgadas por el propio Estado y por su prensa estatal, pues hay instituciones y fuerzas legales que actúan en estas condenas, por muy duras que sean. Todavía, las prisiones ilegales (en realidad, secuestros), y las muertes de guerrilleros ya rendidos (en realidad, asesinatos), siempre fueron negadas por el gobierno militar, era un tabú, eclipsado por los censores de la prensa.


A partir de ahí, y solo a partir de ahí, podemos tener una noción de lo que caracterizar como tiranía o no. Solamente con la compresión de esta cuestión es que podemos demarcar la legitimidad de instituciones políticas, bien como la legitimidad del poder político, encuadrándolos “dentro” o “fuera” del concepto de tiranía.


A esto, significa también que no debamos tener reacciones emocionadas cuando los enemigos anticomunistas caracterizaren un país socialista como un país donde se existe una “dictadura”, si por dictadura estean hablando apenas de los procedimientos autoritarios convencionales de cualquier insurrección y procesos revolucionarios. Cuanto a esto, debemos exponer de facto o que defendemos: una dictadura revolucionaria, distinta de cualquier otra dictadura de las sociedades precedentes, pero aun una dictadura no solo según la definición teórica staliniana y leniniana da tradición bolchevique, sino también la definición general de los propios postulados de los fundadores del socialismo científico. Karl Marx nunca utilizó el concepto de dictadura como una mera alegoría. El uso de la categoría fue deliberado, pensado políticamente para las circunstancias adversas do dicho “holocausto revolucionario”.


Sin embargo, necesitamos tener clareza cuanto a las atribuciones y difamaciones realizadas contra el socialismo que van más allá de la constatación de los procedimientos políticos dictatoriales (tales como tribunales populares que pueden condenar contrarrevolucionarios desde a una simples prisión, a las colonias penales de trabajo obligatorio y hasta la pena capital) gritando mentiras de que en los Estados socialistas hay la práctica sistemática de tortura, secuestros y asesinatos (prácticas a la margen de la legalidad) que en los combates armados contra las decadencias tiránicas los revolucionarios y guerrilleros eran asesinos cobardes que tenían como regla la muerte de combatientes rendidos y cualquier fuga da ética, y entre otras difamaciones de este nivel – como siempre hacen contra, por ejemplo, Ernesto Guevara, al atribuir a él la mancha de asesino.


La diferencia obvia entre una Dictadura Revolucionaria y una decadencia tiránica que se expresa en un gobierno semejante al Régimen Militar está – para más allá de los proyectos societarios que ambos abogan – en la superioridad moral del primer sobre lo segundo. Esta moralidad, esta ética, que debe ser cara a los revolucionarios, traza un abismo de diferencia entre nosotros y ellos, entre la contrarrevolución y la revolución, entre el nuevo mundo y el viejo.


La guerra es ardua y longa, tiene peleas difíciles y encarnizadas entre el futuro y el pasado, pero en este campo de batalla que es la Historia de la Humanidad, nuestro ejército y lo de ellos no se diferencian solamente por estar en lados opuestos, pues, se diferencian también por la totalidad de los métodos, por los principios, por la ética y por la moralidad.


Las tacañas equiparaciones hechas por los liberales – de derecha o de “izquierda” – que buscan colocar en el mismo saco concepciones políticas diametralmente opuestas, los que buscan acercar el comunismo y el fascismo, así como los que desean acercar las “dictaduras socialistas” con las “dictaduras militares”, bien como las concepciones arendtianas de “totalitarismo” (que ensacan comunistas ortodoxos y el extremismo de derecha en una solo redoma), son comparaciones torpes que, cuando no deshonestas, se basan en lo que hay de más superficial y raso de las análisis políticas.


Ellos están más interesados en la inacción, la supuesta “exención” delante de los “extremos” que son “irremediablemente iguales”.


Pues bien, ¿a quién interesa hablar que “somos iguales”? ¿A quién interesa hablar que todo socialismo es tan tiránico cuanto cualquier país fascista? ¿A quién interesa la creencia de que Josef Stalin y Adolf Hitler, en vez de enemigos mortales, son “hermanos gemelos”? ¿A quién interesa todas esas elucubraciones despectivas sobre los necesarios mecanismos de represión tan caros a cualquier revolución? ¿A quién interesa, si no a los defensores obstinados de la hegemonía liberal, asustados con la decadencia del orden vigente, asustados con la crisis de las fallidas instituciones políticas democráticas-liberales?


Se antecediendo al facto de que ellos harían una feroz oposición contra la Dictadura Revolucionaria y que, por eso mismo ellos serían posibles albos de los tribunales revolucionarios de la nueva sociedad, estos reaccionarios difaman de antemano el socialismo acusando la nueva sociedad y el Estado revolucionario de todo aquello que el viejo orden practica cuando percibe el risco de su superación, su queda o su decadencia. Así, los mismos liberales que buscan esconder o amenizar los crímenes cotidianos y regulares del decadente Estado burgués (la tortura, la infamia, los asesinatos), atribuyen a los revolucionarios y al Estado socialista lo que el orden social defendida por ellos ponen en práctica de forma sistemática y disimulada.


Por estas y otras cuestiones las discusiones sobre el concepto de Tiranía y Dictadura son importantes, tanto para que no realicemos atribuciones de “tiranía” a cualquier cosa que no nos gustemos (en cualquier espectro político), cuanto para que el concepto de Dictadura sea aprehendido de una forma más adecuada, sin las depreciaciones emocionadas de quién romantiza y alegoriza la bandera marxista de la Dictadura del Proletariado.


Las Tiranías Reaccionarias, heraldo de las clases caducas en decadencia, deben perecer. Las Dictaduras Revolucionarias, instrumentos de las masas populares en ascendencia, deben florecer.


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